domingo, noviembre 12, 2006

‘La oración de la liberación integral: el Padrenuestro’ de Leonardo Boff, O. F. M. (I)

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La encarnación no sólo constituye uno de los misterios axiales de la fe cristiana, sino que abre también una nueva forma de entender la realidad, pues significa la mutua presencia de lo divino y lo humano, la intercompenetración de lo histórico y lo eterno. Cada una de estas dimensiones conserva su propia identidad, pero entrando al mismo tiempo en la composición de otra realidad. Jesucristo, hombre y Dios a la vez, constituye la realidad de la encarnación, paradigmática y suprema. Para comprender la novedad de esta realidad no bastan las categorías de trascendencia e inmanencia, claves del pensamiento griego, que captan, sí, el momento diferencial de cada una de esas dimensiones —lo humano no es lo divino y lo divino no es la humano—, pero no consiguen dar la razón de la coexistencia y de la mutua inclusión de ambas en el mismo y único ser. Es necesaria la ayuda de una categoría diferente, la transparencia, la cual intenta traducir la presencia de la trascendencia dentro de la inmanencia, haciendo que la una sea transparente a la otra. Lo humano es el lugar de la realización de lo divino: éste transfigura a aquél; surge una nueva realidad en tensión, compuesta por otras dos de naturaleza diferente.

1. La ley de la encarnación

El cristianismo hay que entenderlo como la prolongación del proceso encarnacional de Dios. Igual que el Hijo lo asumió todo para liberarlo todo, así la fe mira a encarnarse en todo para transfigurarlo todo. En este sentido decimos que todo, en cierto modo, pertenece al reinado de Dios; porque todo está objetivamente conectado con Dios y avocado a pertenecer a la realidad del reinado de Dios. De ahí que la fe no se interesa solamente por las realidades llamadas espirituales y sobrenaturales, sino que valora también las materiales e históricas. Todas ellas pertenecen al mismo y único proyecto encarnacional, en fuerza del cual lo divino penetra lo humano y lo humano entra en lo divino.

Debido a esta compenetración, la comunidad cristiana se compromete en la liberación del hombre en su integralidad y no sólo en su dimensión espiritual. También la corporalidad (que en su sentido pleno entraña la dimensión infraestructural económica, social, política y cultural) está llamada a la absoluta realización en Dios y a formar el reinado del Padre. Por eso la comunidad cristiana, sobre todo en estos últimos años, se ha comprometido cada vez más en la liberación de los oprimidos, de los condenados “a quedarse en los márgenes de la vida, con hambre, enfermedades crónicas, analfabetismo, empobrecimiento...”. La Iglesia —proclamó Pablo VI y lo repitió Puebla— “tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total. Todo esto no es extraño a la evangelización” (Puebla, 26; Evangelii nuntiandi, 30). Y se compromete en esta tarea temporal porque tiene conciencia de que lo temporal está grávido de gracia y de realidades que pertenecen al reinado de Dios y que son transparentes y sacramentales. Con razón cantaba el poeta: “Barrendero que barres las calles, tú estás barriendo el Reino de los cielos” (D. Marcos Barbosa).’

Tomado de: Leonardo Boff, O. F. M. , Padrenuestro, Buenos Aires, Ediciones Paulinas, 1986. pp. 9-10.

8 comentarios:

dhhdgdfhg dijo...

Ese señor Boff no me termina de convencer
saludos
Carlos

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

¿Se puede saber por qué, Carlos?

Deux ex machina dijo...

interesante texto, de verdad me intereso tambien este selor boff, voy a ver que consigo de el para leer, sabes yo como te iras dando cuenta no comulgo con la iglesia, soy una makina.....mm atea en el sentidfo de no creer en ese Dios de la iglesia pero me interesa el despertar de la conciencia y la trascendencia del espiritu asiq ue en algo concordaremos..

gracias por visitar y que bueno que te gusten mis post nocturnos musicales....

saludos del robot desalamdo y kita nieve

Patoace dijo...

Siguiendo con la opinión de Carlos, el hecho que el Vaticano le haya quitado la autorización para enseñar la religión católica no es buen signo. Tampoco ayuda que sea santo patrono de servicioskoinonia.org.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

En realidad, yo no creo que importe si Leonardo Boff es un 'hereje' o no.

Yo no soy un teólogo de la liberación ni mucho menos: al contrario, soy ratzingueriano hasta la médula. Eso no quiere decir, no obstante, que este libro particular del señor Boff no contenga una gran riqueza verdaderamente cristiana y que no contradiga, según yo, las enseñanzas de la Iglesia (no he detectado los extremos peligrosos que el ex cardenal Ratzinger denunciaba de la teología de la liberación). Además, concuerda enteramente con la visión de la redención de la tradición veterotestamentaria y judía: '¿Cuándo vendrá el Mesías? Cuando todos los judíos guarden el Shabbath'.

Saludos.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

Iba a añadir que a mí no me importa el color de los autores... si es un ex cura censurado por el Vaticano (como Boff), un renegado (como Küng), un judío secular (como Frankl), un arzobispo anglicano a favor del sacerdocio femenino y progay (como Tutu) o un comunista de pacotilla (como Saramago)... Si el fondo tiene algo que enriquecerme y la forma cómo deleitarme, entonces ¡adelante!

Patoace dijo...

Si tampoco se trata de ponerse sectario y todo lo demás, todos podemos beneficiarnos de un texto sea que lo escriba el Papa, el Dalai Lama o el principito. Es simplemente que no "termina" de convencer. Si él dijera "no soy católico, sino cristiano, como YO entiendo el cristianismo" uno lo leería con más tranquilidad, creo yo.
En este texto en particular, es cierto que el cristianismo tiene una vocación política importante y que el amor por los demás implica su bienestar material, pero tampoco hay que olvidar que el Reino de Dios no lo vamos a hacer nosotros en este mundo, y que los pobres siempre estarán con nosotros.
Entonces, la insistencia en la liberación de la opresión como meta final del cristianismo, en vez de la santidad, hace que no termine de convencer.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

Al menos en este texto (y hay que revisar la tercera parte también), Boff menciona la santidad y otras cuestiones importantísimas al cristianismo. Reitero que este texto, al menos, no cae en los excesos de la teología de la liberación como lo entendemos, pues, además, no sólo se refiere a la pobreza material...