viernes, marzo 09, 2007

‘Pero yo no necesito la bondad’ de Gregory Corso

I


¡He conocido a las extrañas enfermeras de la Bondad,
las he visto besar a los enfermos, atender a los viejos,
darle caramelos a los locos!
¡Las he visto en la noche, oscuras y tristes,
empujando sillas de ruedas a orillas del mar!
¡He conocido a los gordos pontífices de la Bondad,
la viejecita de cabellos grises,
el cura del barrio,
el célebre poeta,
la madre,
a todos he conocido!
Los he visto en la noche, oscuros y tristes,
pegando carteles de misericordia
en los rígidos postes de la desesperación.

II

¡He conocido a la misma Bondad Todopoderosa!
¡Me he reclinado en Sus blancos y puros pies
ganando Su confianza!
No hablamos de nada desagradable,
pero una noche fui atormentado por esas extrañas enfermeras,
esos gordos pontífices.
¡La viejecita pasó un coche erizado sobre mi cabeza!
El cura me abrió el estómago, puso sus manos en mí,
y gritó: ¿Dónde está tu alma? ¡Dónde está tu alma!
¡El célebre poeta me levantó
y me arrojó por la ventana!
¡La madre me abandonó!
¡Corrí hacia la Bondad, irrumpí en Su alcoba,
y la profané!
¡Con un innombrable cuchillo le di mil puñaladas
y las inflingí con porquería!
¡La cargué sobre la espalda, como un vampiro!
¡Bajo la noche subterránea!
¡Los perros aullaron! ¡Los gatos huyeron! ¡Todas las ventanas cerradas!
¡La cargué por diez vuelos de escaleras!
La arrojé sobre el suelo de mi pequeño cuarto,
y de rodillas ante Ella, lloré. Lloré.

III

Pero, ¿qué es la Bondad? He matado a la Bondad.
Pero, ¿qué es?
Tú eres bueno porque vives una buena vida.
San Francisco fue bueno.
El dueño de la tierra es bueno.
Una caña es buena.
¿Puedo decir que la gente, sentada en los parques, es más bondadosa?

Gregory Corso (1930-2001)

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