lunes, agosto 17, 2009

Una vida por otra vida

‘El Holocausto es un valor porque condujo a un saber inconmensurable a través de un sufrimiento inconmensurable; por eso esconde también una reserva moral inconmensurable.’
Imre Kertész(1)


El viernes 14 de agosto, la Iglesia conmemora la festividad y celebra la vida no sólo de un santo, sino de uno de los más grandes héroes del siglo XX: el polaco San Maximiliano María Kolbe, OFM Conv. Su historia es bastante simple (al menos de la forma en que voy a contarla aquí, de pasada), y quizá por eso tan contundente: tras cuarenta y seis años de una vida rebosante de energía, ambiciosa, volcada enteramente a ganar el mundo entero para la causa de la Inmaculada y del Reino de Dios, fue apresado por la Gestapo y enviado a Auschwitz, que era apenas un campo como cualquier otro del archipiélago concentracionario nazi (faltaba tiempo aún para que creciera hasta convertirse en la peor industria de asesinato en la Historia).

Allí, fue esclavizado y torturado junto a otros tantos miles de hombres (disidentes, intelectuales y miembros de la resistencia polaca, en su mayoría) hasta que, un día, el Lagerführer quiso escarmentar a los presos luego de una fuga; seleccionó al azar diez hombres por cada uno de los prófugos para encerrarlos y matarlos de hambre. El padre Kolbe dio un paso al frente y pidió tomar el lugar de un hombre desconocido, esposo y padre de familia, que suplicó piedad. De esta forma, al intercambiar su vida, ese templo de Antihumanidad, de Negación absoluta, fue demolido precisamente por la humanidad y afirmación absolutas, tal y como alguna vez aconteció en el Gólgota. En un discurso pronunciado en Auschwitz mismo, Juan Pablo II dijo de él:
‘En este lugar que fue construido para negar la fe —la fe en Dios y la fe en el Hombre— y para aplastar definitivamente no sólo el amor, sino todos los signos de la dignidad humana, de la humanidad, ese hombre logró la victoria mediante el amor y la fe.
G. G. Jolly

(1) Imre Kertész, ‘El Holocausto como cultura’, en Un instante de silencio en el paredón. El Holocausto como cultura, Barcelona, Herder, 2002. p. 85.




3 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

"Aullidos" al por mayor aquí, por favor. Este santo es impresionante por lo sencillo e inmenso. Un sólo gesto, de valor incalculable.

Ociósofo dijo...

Ejemplar. Ya había oído la historia pero no sabía el nombre, gracias. Es lo que hablábamos el otro día, el gesto final del ladrón lo salvó y a éste lo canonizó. A ver quien entiende a Dios, porque yo apenas puedo quererlo.

Ociósofo dijo...
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