lunes, noviembre 09, 2009

Freiheit oder Freude?


En efecto, no podía dejar de conmemorar, con este gusto que le demuestro a los aniversarios, la caída del Muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989. Según algunos, esta fecha marca el final del siglo XX, que había empezado el 28 de julio de 1914, con el estallido de la I Guerra Mundial. Quizá. De lo que no cabe duda es de que se trata del evento más representativo de toda una serie, porque, además, en ese mismo periodo —entre el 89 y el 91, para ser más precisos—, se unificaron las Alemanias, terminó la ‘Guerra Fría’, se desintegró Yugoslavia, se levantó la ‘Cortina de Hierro’ y entró luz y aire a Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania. Por último, la mismísima Unión Soviética dejó de existir, junto al llamado ‘socialismo real’ —por supuesto, América siempre está atrasada en todo y allí nos queda Cuba...—.

No es mi intención aquí sacar conclusiones ni valorar hechos tan importantes. Resulta superfluo —aunque no menos necesario— recordar lo obvio: el estrepitoso fracaso económico, la opresión, encarcelamiento y asesinato de millones, los terribles daños ambientales, por lo que, simple y sencillamente me uno a la celebración por el hecho de que todo eso, la ingeniería social de Lenin, Stalin, Ceauşescu, Gomułka, Kádár et al., la experimentación con sociedades enteras, haya terminado. Lástima por la filosofía marxista y la izquierda contemporánea, puesto que ‘nos guste o no, el socialismo como tradición filosófica debe ser, en alguna medida —y yo diría que en gran medida— castigado: debe pagar el precio del socialismo real’, como dijo José Guilherme Merquior (1941-1991) durante aquel encuentro excepcional que fue ‘La experiencia de la libertad’.

Por supuesto, nunca es lícito dormirse sobre los laureles de nada, y el mundo posterior al 89 es todo menos perfecto. Sirva para criticar y poner en perspectiva esta entrada, lo que ha dicho el expremier soviético Mijaíl Gorbachiov:
‘El verdadero logro que podemos celebrar es el hecho de que el siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas. Pero pronto resultó evidente que también el capitalismo occidental, privado de su viejo adversario histórico e imaginándose a sí mismo como el indiscutible ganador histórico y la encarnación del progreso global, puede conducir a la sociedad occidental y al resto del mundo a un nuevo y ominoso callejón sin salida.

Hoy en día, mientras dejamos a las espaldas las ruinas del viejo orden, podemos pensar en nosotros mismos como activos participantes en el proceso de creación de un mundo nuevo. Muchas verdades y postulados considerados indiscutibles (tanto en el Este como en el Oeste) han dejado de serlo. Entre ellos estaban la fe ciega en el todopoderoso mercado y, sobre todo, en su naturaleza democrática. Había una arraigada creencia de que el modelo occidental de democracia puede ser difundido mecánicamente a otras sociedades cuyas experiencias históricas y tradiciones culturales son diferentes. En la situación presente, incluso un concepto como el del progreso social, que parece ser compartido por todos, necesita una información más precisa y una redefinición.’
Por último, para celebrar en serio, les dejo la parte coral, la Ode an die Freude, de la 9ª sinfonía de Beethoven, interpretada por una orquesta internacional el día de Navidad de 1989, en Berlín Oriental. El director, Leonard Bernstein, se tomó la libertad de cambiar la letra —aunque ‘Beethoven y Schiller estarían de acuerdo’, se excusó—; reemplazó Freude, ‘alegría’, por Freiheit, ‘libertad’, y así logró una versión única, en todo sentido, de la Ode an die Freiheit, ‘Oda a la libertad’:

O Freunde, nicht diese Töne!
Sondern laßt uns angenehmere anstimmen,
und freudenvollere.
Freiheit! Freiheit!

Freiheit, schöner Götterfunken
Tochter aus Elysium,
Wir betreten feuertrunken,
Himmlische, dein Heiligtum.
Deine Zauber binden wieder,
Was die Mode streng geteilt;
Alle Menschen werden Brüder,
Wo dein sanfter Flügel weilt.



¡Oh amigos, dejemos esos tonos!
¡Entonemos cantos más agradables y
llenos de alegría!
libertad, libertad!

¡Libertad, hermoso destello de los dioses,
hija del Elíseo!
¡Ebrios de entusiasmo entramos,
diosa celestial, en tu santuario!
Tu hechizo une de nuevo
lo que la acerba costumbre había separado;
todos los hombres llegarán a ser hermanos
allí donde tu suave ala se posa.

G. G. Jolly


2 comentarios:

Meruti Mellosa dijo...

Tú obsesión con la historia me ahorra tiempo y dinero, y enriquece mi conocimiento. Sigue así.

cecilia dijo...

Interesante post. Estoy paseando por la web y acabo de descubrirte. Tambien soy cristiana, aunque no catolica, y me resultaron muy acertadas muchas de las ideas que publicas. Impactante lo de la quema de libros, aunque a alguien pueda parecerle muy dura la comparacion con el nazismo. Yo creo que es peligroso cuando las creencias se vuelven irracionales y justifican actos injustificables. Respecto de este post y de la caida del regimen comunista, tambien estas muy acertado. Solo que el capitalismo que hoy impera en casi todo el mundo no es una opcion mejor. Lamentablemente seguimos atados a sistemas perversos que atentan contra la integridad del ser humano.