miércoles, mayo 31, 2006

'Los libros y las personas' de Martin Buber

Jean-Honoré Fragonard, Muchacha leyendo.

Si me hubieran preguntado en mi juventud si prefería estar con los libros o con las personas, mi respuesta hubiera sido, sin lugar a dudas, favorable a los libros. En la medida en que han pasado los años fui cambiando de opinión. No porque haya tenido mejores experiencias con los hombres que con los libros; muy por el contrario, aparecieron por mi camino más libros encantadores que personas encantadoras. Pero muchas de las malas experiencias que tuve con los hombres han nutrido las praderas de mi vida como no lo ha hecho el más noble de los libros, y las buenas experiencias han fertilizado la tierra de mi jardín. Por el otro lado, los libros pueden llevarme al paraíso de los grandes espíritus, pero desde la profundidad, mi corazón nunca se olvida y tampoco desea permanecer mucho tiempo ahí. Debo aclarar que esto es así porque desde lo más íntimo de mi corazón amo más el mundo que el espíritu. No me he entragado a la vida como podría haberlo hecho, y en mis relaciones con el mundo he fracasado una y otra vez. Una y otra vez soy culpable de haberme quedado corto con la respuesta que esperan de mí, y esto es, en parte, porque estoy comprometido con el espíritu. Estoy comprometido con el espíritu como lo estoy conmigo mismo, pero no estoy, estrictamente hablando, enamorado del espíritu, así como tampoco me amo a mí mismo. En realidad no amo a aquello que me ha atrapado de una forma sublime, más bien amo el mundo que una y otra vez me extiende su mano.

Ambos tienen frutos para compartir. El primero me riega con su maná. El segundo me exiende su pan negro cuya corteza rompo con mis dientes, un pan que nunca puedo tener suficiente: las personas. ¡Ay, esas cabezas a veces desordenadas, buenas para nada, cómo las amo! Reverencio a los libros, aquellos que realmente leo, pero demasiado como para poder amarlos. En cambio en las personas venerables siempre encuentro más para amar que para reverenciar. Encuentro en ellas algo de este mundo que lo espiritual simplemente no puede tener. El espíritu está por arriba de mí y poderosamente vuelca su exaltado don de las palabras y los libros. ¡Qué glorioso y qué extraño! Sin embargo, el mundo humano con solo brindarme una sonrisa silenciosa logra que no pueda vivir sin él. Toda la conversación de los hombres no brinda una palabra que suene como aquellas que salen de los libros. Pero penetro en todo el orden de las palabras para percibir a través de ellas el silencio de la criatura. ¡Precisamente esa criatura humana que implica una mezcla! Los hombres son una mezcla y los libros son puros, son hechos de espíritu puro y mundo purificado. Los hombres están hechos de palabras habladas y de silencio, pero su silencio no es aquel de los animales. Desde el silencio humano, detrás de las palabras pronunciadas, el espíritu nos susurra como un alma: el amado es el mundo.

Ésta es la prueba infalible: imaginémosnos en una situación donde estamos solos, totalmente solos en la tierra, y nos ofrecen por optar por una de dos alternativas: los libros o las personas. Muchas veces escucho a los hombres alabar su soledad, pero eso es así porque todavía hay personas en algún lugar de la tierra, aunque ese lugar sea muy lejano. No sabía nada de libros cuando salí del útero de madre, y voy a morir sin libros, con una mano humana entre las mías. Es cierto que muchas veces cierro mi puerta y me entrego a un libro, pero sólo porque puedo volver a abrir la puerta y ver a una persona que me está mirando.

Tomado de: Martin Buber, 'Los libros y las personas' en El camino del hombre, Buenos Aires, Altamira, 2003. pp. 251-253.

3 comentarios:

Juan Ignacio dijo...

No veo aún claro. Imagino, pienso como podría ser esto que dice el autor.

Quizás el mundo y las personas son lo que nos hace mal tantas veces y quizás el amor se prueba en esas situaciones. Eso no pasaría con los libros.

Pero también está el amor a Dios y el desprecio del mundo (desprecio en el buen sentido). Entiendo que el autor no estaría contradiciendo esto... pero no lo llego a ver... quizás la clave está en lo que el llama espíritu...

Releeré a la noche más tranquilo...

Eduardo Mangiarotti dijo...

Vengo a devolver la visita, como buen vecino ;) . ¡Muy buen texto este de Buber! Como bibliófilo, entiendo el sentimiento. Ah, y estuve leyendo el texto que me linkeaste. Muy bueno e interesante, aunque obviamente no estoy muy de acuerdo en este punto con nuestro Romano Pontífice. Más allá de la sapiencia teológica, me parece que hay cuestiones generacionales que creo que ni el corazón más generoso puede terminar de franquear.

Ululatus sapiens, S. I. dijo...

Gracias por la visita, Eduardo.

Martin Buber es siempre genial, ¿no crees?

En cuanto al Santo Padre: tienes toda la razón. Nadie le niega que, como teólogo, es un súper genio, pero sabemos que cogea del pie mozartiano... ¡Por supuesto que no le va a agradar en rock! ;)

¡Saludos!