sábado, junio 06, 2009

El ‘Día de Días’, LXV aniversario

Dedicado a mi amigo Brian Guy, de la 246ª compañía de campo, Ingenieros Reales, Ejército Británico.
Playa ‘Sword’, Normandía, 6 de junio de 1944.

El 6 de junio de 1944 se llevó a cabo, sobre las aguas y los cielos del Canal de la Mancha y en las playas de Normandía, Francia, no sólo la invasión anfibia más grande de la historia (con 7,000 embarcaciones de todos los tamaños, 11,590 aviones y casi millón y medio de hombres), sino que se concretó, por fin, la ‘Gran Cruzada’ contra la Alemania Nazi y su legado.


Por ello, en este
‘Día de Días’, humildemente agacho la cabeza en reverencia, acongojado y con el pecho enchido de orgullo, ante los veteranos aún vivos y ante todos quienes tomaron parte en aquella empresa, muy especialmente los que rindieron sus vidas a las playas o los setos normandos.


A continuación, tres frases que resumen el espíritu de lo que quiero compartirles:
‘Soldados, marinos y aviadores de la Fuerza Expedicionaria Aliada:

Están a punto de emprender una Gran Cruzada, para la que nos hemos preparado por muchos meses. Los ojos del mundo están sobre ustedes. Las esperanzas y oraciones de todos los pueblos amantes de la libertad marchan junto a ustedes. Acompañados por nuestros valerosos aliados y hermanos en armas en otros frentes, ustedes han de provocar la destrucción de la maquinaria de guerra alemana, la eliminación de la tiranía nazi de Europa y la seguridad para nosotros mismos y para el mundo. Su tarea no será fácil. Su enemigo está bien entrenado, bien equipado y endurecido en muchas batallas. Peleará fieramente. […] ¡Pero la fortuna ha cambiado! ¡Ahora marchan juntos los hombres libres del mundo hacia la Victoria! Tengo plena confianza en su valor, devoción al deber y habilidad en combate. ¡No aceptaremos nada menos que la Victoria absoluta! ¡Buena suerte! Y encomendémonos a Dios todopoderoso, para que bendiga esta grande y noble empresa.’
Comandante Supremo, Fuerza Expedicionaria Aliada.
6 de junio de 1944.


‘Si alguna vez un Ejército hubo peleado por una causa justa, nosotros lo hicimos. No ambicionábamos el país de nadie; no deseábamos imponer ninguna forma de gobierno sobre ninguna nación. Nosotros peleamos por lo puro, lo decente, las cosas libres de la vida; por el derecho de vivir nuestras vidas a nuestra propia manera, y para que otros pudieran vivirla conforme a la suya; para adorar a Dios en la fe que deseemos; para ser libres en cuerpo y mente; y para que nuestros hijos y sus hijos sean libres.’


‘Nosotros, soldados polacos,
Por su libertad y la nuestra
Le hemos entregado nuestras almas a Dios
Nuestros cuerpos al suelo de Italia
Y nuestros corazones a Polonia.’
Memorial en el cementerio polaco de Monte Cassino, Italia.


¡Gracias a todos los 10 mil valientes de Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Francia y Polonia (y a las decenas de miles más que les siguieron), por haber dado su presente a cambio del futuro ajeno, nuestro presente!

G. G. Jolly

miércoles, mayo 27, 2009

Cuando no había Dios y el Hombre vivía por sí mismo

Flaubert dijo alguna vez que 'Cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún, hubo un momento único, desde Cicerón hasta Marco Aurelio, en que sólo estuvo el Hombre', frase que Marguerite Yourcenar recupera como fondo de su novela Las memorias de Adriano. Adriano, el emperador que era, a la vez, el Hombre sin Dios por antonomasia, de quien ya había incluido su canto al amante muerto, de la pluma de Pessoa. He aquí una selección que he hecho de fragmentos de la novela de Yourcenar, traducida por Julio Cortázar.

‘Los cínicos y los moralistas están de acuerdo en incluir las voluptuosidades del amor entre los goces llamados groseros, entre el placer de beber y el de comer, y a la vez, puesto que están seguros de que podemos pasarnos sin ellas, las declaran menos indispensables que aquellos goces. De un moralista espero cualquier cosa, pero me asombra que un cínico pueda engañarse así. Pongamos que unos y otros temen a sus demonios, ya sea porque luchan contra ellos o se abandonan, y que tratan de rebajar su placer buscando privarlo de su fuerza casi terrible ante la cual sucumben, y de su extraño misterio en el que se pierden. Creeré en esa asimilación del amor a los goces puramente físicos (suponiendo que existan como tales) el día en que haya visto a un gastrónomo llorar de deleite ante su plato favorito, como un amante sobre un hombro juvenil. De todos nuestros juegos, es el único que amenaza trastornar el alma, y el único donde el jugador se abandona por fuerza al delirio del cuerpo. No es indispensable que el bebedor abdique de su razón, pero el amante que conserva la suya no obedece del todo a su dios. La abstinencia o el exceso comprometen al hombre solo; pero salvo en el caso de Diógenes, cuyas limitaciones y cuya razonable aceptación de lo peor se advierten por sí mismas, todo movimiento sensual nos pone en presencia del Otro, nos implica en las exigencias y las servidumbres de la elección. No sé de nada donde el hombre se resuelva por razones más simples y más ineluctables, donde el objeto elegido sea pesado con más exactitud en su peso bruto de delicias, donde el buscador de verdades tenga mayor probabilidad de juzgar la criatura desnuda. Partiendo de un despojamiento que iguala el de la muerte, de una humildad que excede la de la derrota y la plegaria, me maravillo de ver restablecerse cada vez la complejidad de las negativas, las responsabilidades, los dones, las tristes confesiones, las frágiles mentiras, los apasionados compromisos entre mis placeres y los del Otro, tanto vínculos irrompibles y que sin embargo se desatan tan pronto. El juego misterioso que va del amor a un cuerpo al amor de una persona me ha parecido lo bastante bello como para consagrarle parte de mi vida. Las palabras engañan, puesto que la palabra placer abarca realidades contradictorias, comporta a la vez las nociones de tibieza, dulzura, intimidad de los cuerpos, y las de violencia, agonía y grito. La obscena frasecita de Posidonio sobre el frote de dos parcelas de carne —que te he visto copiar en tu cuaderno escolar como un niño aplicado— no define el fenómeno del amor, así como la cuerda rozada por el dedo no explica el milagro infinito de los sonidos. Esa frase no insulta a la voluptuosidad sino a la carne misma, ese instrumento de músculos, sangre y epidermis, esa nube roja cuyo relámpago es el alma.’

‘En qué difiere esencialmente el sufrimiento de la hierba segada del de los carneros degollados, y si nuestro horror ante las bestias asesinadas no se debe sobre todo a que nuestra sensibilidad pertenece al mismo reino.’

‘Nuestro gran error está en tratar de obtener de cada uno en particular las virtudes que ni posee, descuidando cultivar aquellas que posee.’

‘Cada hombre está eternamente obligado, en el curso de su breve vida, a elegir entre la esperanza infatigable y la prudente falta de esperanza, entre las delicias del caos y las de la estabilidad, entre el Titán y el Olímpico. A elegir entre ellas, o a acordarlas alguna vez entre sí.’

‘Ser dios, en resumidas cuentas, exige más virtudes que ser emperador.’

‘La pasión colmada posee su inocencia, casi tan frágil como las otras; el resto de la belleza humana pasaba a ser espectáculo, no era ya la presa que yo había perseguido como cazador.’

‘Los extremos de la virtud se asemejan a los del amor en que su mérito proviene precisamente de su rareza, de su condición de obra maestra única, de hermoso exceso.’

‘¿Qué es la voluptuosidad sino un momento de apasionada atención al cuerpo?’

‘La memoria de la mayoría de los hombres es un cementerio abandonado donde yacen los muertos que aquéllos han dejado de honrar y de querer. Todo dolor prolongado es un insulto a ese olvido.’

‘La seriedad algo pesada de Roma, su sentido de la continuidad y su gusto por lo concreto habían sido necesarios para transformar en realidad lo que en Grecia seguía siendo una admirable concepción del espíritu, un bello impulso del alma.’

‘Llegaba a la edad en que cada lugar hermoso nos recuerda otro aún más bello, donde cada delicia se carga con el recuerdo de delicias pasadas. Aceptaba entregarme a esa nostalgia que llamamos melancolía del deseo.’

‘En el caso de la mayoría de los seres, los contactos más ligeros y superficiales bastan para contentar nuestro deseo, y aun para hartarlo. Si insisten, multiplicándose en torno de una criatura única hasta envolverla por entero; si cada parcela de un cuerpo se llena para nosotros de tantas significaciones trastornadas como los rasgos de un rostro; si un solo ser, en vez de inspirarnos irritación, placer o hastío, nos hostiga como una música y nos atormenta como un problema; si pasa de la periferia de nuestro universo a su centro, llegando a sernos más indispensable que nuestro propio ser, entonces tiene lugar el asombroso prodigio en el que veo, más que un simple juego de la carne, una invasión de la carne por el espíritu.’

Marguerite Yourcenar

jueves, mayo 21, 2009

‘Ausencia de Dios’ de Mario Benedetti


Como todos saben, acaba de morir el escritor uruguayo Mario Benedetti, que, curiosamente, mencioné a propósito de Jaime Sabines en una entrada anterior, hablando sobre la docilidad y popularidad de la poesía de los dos. Igualmente, para no perder el tono del blog, incluyo este poema como homenaje al maestro Benedetti, recquiescat in pax.

‘Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,
quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.

Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.

Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.

Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.’

Mario Benedetti (1920-2009).

CCX aniversario luctuoso de Sir George Frederick Haendel

2009 es el año Händel, pues se conmemoran 250 años de la muerte del compositor alemán-nacionalizado británico, el 14 de abril de 1759.

Balthasar Denner, George Frideric Handel, c. 1749.

Sirva esta breve entrada como tributo a uno de mis compositores favoritos y, ciertamente, uno de los grandes de la historia de la música. Para ello, incluyo una selección subjetiva y personal de sus obras.
  • Video de la obertura del Festival para los fuegos artificiales reales, en su orquestación original para 24 oboes, 16 fagotes, 1 contrafagot, 9 trompetas, 9 cornos, 6 timbales y 6 tambores, dirigida por Robert King (con instrumentos de época).
  • Video del aria 'The trumpet shall sound' del oratorio El Mesías, la poderosa declaración de que la muerte ha sido vencida para siempre (1 Cor XV, 52-53), interpretada por el barítono Teddy Tahu Rhodes y la Orchestra of the Antipodes, bajo la batuta de Antony Walker.
  • Dos versiones en video del aria 'Presti ormai l'egizia terra' de la ópera Giulio Cesare in Egitto. Julio César canta mientras desembarca, triunfante, en Egipto. La primera es del contratenor Graham Pushee y la Orquesta de la Ópera Australiana bajo Richard Hickox. La segunda es de Jeffrey Gall, en la irreverente puesta en escena de Peter Sellars, donde Julio César no es sino el presidente de los Estados Unidos, realizando una visita de Estado a alguna dictadura del Medio Oriente. Dirigida por Craig Smith.
  • Video del aria 'Al lampo dell'armi' de la misma ópera, que muestra a Julio César, a punto de ser asesinado, jurando venganza. La canta el contratenor Andreas Scholl y lo dirige Lars Ulrik Mortensen con la orquesta Concerto Copenhagen.
  • Video del aria 'Pastorello d'un povero armento' de la ópera Rodelinda, regina de' longobardi, una de las arias operísticas más intensas y poderosas, cuya letra dice: 'Pastorello d'un povero armento / pur dorme contento / sotto l'ombra d'un faggio o d'alloro. / Io, un regno monarco fastoso, / non trovo riposo / sotto l'ombra di porpora e d'oro', o sea: 'El pastor de un pobre rebaño puede dormir contento a la sombra del haya y del laurel, mientras que yo, monarca de un fastuoso reino, no hayo descanso a la sombra de la púrpura y el oro'. La interpreta el tenor Kurt Streit, dirigido por William Christie, al frente de la Orchestra for the Age of Enlightenment.
G. G. Jolly

miércoles, mayo 06, 2009

‘Me encanta Dios’ de Jaime Sabines

En marzo de este año tuvimos un nuevo aniversario luctuoso: los diez años de Jaime Sabines, el chiapaneco que, si bien no fue el mejor de los poetas mexicanos —ese título se lo reservo, sin aventurarme mucho, a Octavio Paz—, sí, creo, el más popular. Quizá solamente junto al uruguayo Mario Benedetti, Sabines igual se lee en tertulias literarias de café, se publica en revistas académicas o de difusión, se lo recita en el metro o los camiones por unas monedas, lo imitan y plagian adolescentes, tanto poetas malditos como jóvenes Werthers... Es de los escasísimos poetas que garantizan que un maestro de literatura de mediano nivel pueda tener éxito en su clase y despertar interés entre sus preparatorianos.

Marc Chagall, Eva decepciona a Dios, 1960.

Entre los muchos de sus poemas que me gustan, reproduzco éste, que va bastante bien con este espacio, de corte tan poco secular.
‘Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe con las manos.

Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida —no tú ni yo— la vida, sea para siempre.

Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.

A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho —?frente al ataque de los antibióticos— ¡bacterias mutantes!

Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.

Mueve una mano y hace el mar, y mueve la otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.

Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, y manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira. Es la tierra que cambia —y se agita y crece— cuando Dios se aleja.

Dios siempre está de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.

A mí me gusta, a mí me encanta Dios. Que Dios bendiga a Dios.’

Jaime Sabines (1926-1999)

Maurice Jarre (1924-2009), in memoriam

El 29 de marzo pasado, falleció el compositor francés Maurice Jarre (1924-2009), padre del también compositor Jean Michel Jarre. Recordado por su trabajo en partituras para películas, y no nada más galardonadas con varios premios —incluidos varios Óscares— y vivas en la memoria del gran público, sino también de gran valía musical —en un género infravalorado por los puristas y hasta por los villamelones—.

Desde las soberbias Lawrence de Arabia (1962), Dr. Zhivago (1965), A Passage to India (1984) —de la mano del director David Lean— y sus grandes orquestas, hasta las novedosas partituras electrónicas, con sintetizadores: Fatal Attraction (1987) de Adriane Lyne y No Way Out (1987) de Roger Donaldson.

Finalmente, como pequeño tributo, incluyo aquí un pedazo de la que encuentro mejor entre sus composiciones: la banda sonora de la miniserie Jesus of Nazareth (1977) de Franco Zeffirelli. Además de que lleva y refuerza la historia a la perfección, respetando los colores, matices y la humilde grandeza de la mejor vida de Cristo jamás filmada, tiene una magnífica orquestación, riqueza melódica y curiosos ritmos 'mediorientales'. ¡Por el descanso del maestro Jarre!

sábado, abril 11, 2009

Round 2 de las tendencias políticas

Tal como confesé en una entrada anterior, me considero un liberal libertario o, según mis resultados en www.politicalcompass.org, de derecha libertaria. ¿Y qué significa eso? Veamos.


La derecha libertaria es la esquina vacía por excelencia del espectro político. Son pocos los idealistas que entran en ella, y por ningún motivo los políticos. ¿Por qué? Quizá porque a ella pertenece la gente que creen que la libertad y la responsabilidad del individuo son los valores fundamentales que deben imperar en la sociedad. Desconfían, por tanto, del Estado, ya que la acción de éste, en la mayoría de los casos, coarta la libertad de los ciudadanos.

Un libertario de este tipo no es un anarquista. Cree que el Estado debe de tener leyes, por supuesto, pero buenas y pocas, que se cumplan sin falta, con el fin de hacer valer el respeto a la libertad de los individuos. El único límite de la libertad que se busca es la libertad de un tercero. Así, el Estado funge únicamente como árbitro. En palabras de uno de los pocos libertarios conocidos (y congruentes), Milton Friedman, premio Nobel de economía 1976:
‘La esfera gubernamental debe de ser reducida. Su mayor función debe de ser la de proteger nuestra libertad tanto de sus enemigos allende de las fronteras como de nuestros conciudadanos: es decir, preservar la ley el orden [el estado de derecho], hacer cumplir los contratos privados, promover la competitividad del mercado. Más allá de ésta, su mayor tarea, el Estado puede, en efecto, permitir que los ciudadanos llevemos a cabo en conjunto lo que individualmente sería más caro o más difícil lograr’.(1)
Es decir, el ‘small government’ de los republicanos; entre menos gobierno, mejor (más políticos sin trabajo, ¿qué le parece?). Algo que hace no mucha, sino muchísima falta en México, tan (mal)acostumbrado a su Estado mastodóntico, omnipresente y omnipotente, de inacabable burocracia. Precisamente en México, el Estado interviene en sinnúmero de aspectos de la vida de sus ciudadanos (y hace las cosas todas mal) y desperdicia esfuerzos y recursos en lugar de hacer su tarea principal (y que es la que menos y de peor manera hace): tiene infinitas leyes que casi nunca se cumplen.

Continuará...

G. G. Jolly

(1) Milton Friedman, Capitalism and Freedom, Chicago, The University of Chicago Press, 2002. p. 2. Véase también esta entrevista al autor: partes I, II, III, & IV.

martes, abril 07, 2009

Nota extraordinaria

Ya tenía una entrada planeada para el día de hoy, pero tendrá que esperar, puesto que apenas esta tarde me llevé una grata sorpresa en mi revista predilecta, Letras Libres: ¡publicaron una carta que les escribí! ¡Mis palabras y mi nombre aparecen entre sus finas páginas y en su elegante tipografía, casi un sueño hecho realidad! Por cuestiones de espacio, editaron la carta, y se me ha ocurrido la idea de publicarla completa aquí.

Su número de marzo tenía como tema principal la existencia (o no) de Dios, y sus consecuencias...

Éstos son los artículos, altamente recomendables:
Y, a propósito de ellos, mi carta completa:
‘¿Qué tal?

Habiéndome animado el mes pasado a escribir para felicitarles por el X aniversario de la revista, lo hago ahora porque leí con especial avidez su último número. Me atrapó y cautivó desde la portada y el título, que inmediatamente me recordó la polémica de los autobuses en Gran Bretaña (que, a su vez, me hizo pensar que 'Dios no existe y Dawkins es su, ¿el?, profeta') y en España (con su guerra abierta entre Iglesia y Estado).

En los últimos años, Letras Libres ha sido una guía certera en mi camino intelectual y humano, por lo que siempre busco con ansia y considero con seriedad lo que tiene que decir sobre cualquier tema. Más aún en este caso, pues, como creyente que soy, el solo hecho de que abordara el tema me emocionó. Y, en efecto, disfruté mucho su lectura, en especial del diálogo entre Zagal y Fadanelli, y los artículos de John Gray y Pedro Chavarría Xicoténcatl; de estos, el primero por su realismo, y el segundo, igualmente por su realismo: por no conformarse con que la materia subsista en sistemas complejos, sino que más bien siga esa tendencia misteriosa (¿artística?, ¿de diseño inteligente?, ¿divina?) llamada vida, y su consecuencia, la de una subjetividad inexplicable para las ciencias exactas.

Sin embargo, y aquí está el pero que acota los elogios, me parece que la postura secular (laicista por momentos) estuvo demasiado bien representada, mientras que la creyente fue apagada y descolorida. Esto me sorprende, puesto que Letras Libres no es una revista políticamente correcta. Así como es de las pocas voces que, en el México infectado por decenios de estatismo, populismo y rancio nacionalismo, ha abogado por la libertad en todas sus formas (de expresión, económica, política...) y por la responsabilidad del individuo sobre la de el Estado, me extraña (y me duele hasta cierto punto), no encontrar de la misma forma una voz inteligente que abogue sin tapujos, abiertamente, por la fe y la religión como sanas propuestas de sentido y motores loables de transformación social. Contra todo pronóstico, creo que esas voces existen en México, y que abogan por una fe humanizadora en el marco de la democracia liberal, sin nada que ver con el clero ignorante o su brazo político yunquista. Pienso en Javier Sicilia, el mismo Héctor Zagal (en una postura firme, y no tímida, como lo he leído otras veces) o Bárbara Andrade, Mauricio Beuchot... o quizá Jean Meyer o Gabriel Zaid, que al menos están bien empapados de las razones de la fe... O bien intelectuales creyentes de todo el mundo: ya publicaron una vez a Joseph Ratzinger, ¿por qué no hacerlo también con Carlo Maria Martini, Christoph Schönborn, Jacob Neusner, Hans Küng, Angelo Scola o incluso Jon Sobrino o Enrique Dussel (aunque aquí ya pongo en duda lo puramente liberal, además de que el segundo no es internacional)?

Recuerdo un artículo sobre la situación de la Iglesia española escrito por un jesuita en la revista Sal Terrae, en el que se lamenta de la irracionalidad del conflicto con el Estado y la ausencia de diálogo serio en ambas partes (aunque peores espectáculos hemos visto en México, a propósito del aborto o del 'presidente legítimo'...). Compara, desfavorablemnete, a España con Italia, donde senadores y alcaldes dictan conferencias y escriben libros codo a codo con cardenales y eclesiásticos ilustres, por no mencionar el debate de altura que sostuvieron Umberto Eco y Carlo Maria Martini... Al final y con un suspiro, acepta la obscura realidad: existe una gran disparidad de nivel entre los dos países, porque ni el cardenal Rouco es el cardenal Martini ni Savater o Goytisolo son Eco. Me queda claro que en México no existen Martinis, pero esperaba encontrar a los Ecos en Letras Libres. Creo que esta vez se quedaron cortos.

Los saludo, felicito y agradezco su atención.’

G. G. Jolly

(1) Porquería, un blog de Guillermo J. Fadanelli
(2) Apócrifos de Zagal
(3) Página de Fernando Savater

sábado, abril 04, 2009

¿Derecha o izquierda? El abc de las preferencias políticas

Las etiquetas, como los estereotipos, son siempre molestos, porque simplifican y distorsionan una realidad repleta de matices. Entre las más comunes se encuentran las de ‘derecha’ o ‘izquierda’ para calificar (o, con mayor probabilidad, para descalificar) a las personas. Son conceptos pobres que no expresan nada y que, con frecuencia, encasillan a los otros y acaban en calificativos aún peores: ‘reaccionario’, ‘fascista’, ‘comunista’, etcétera, que, a su vez, llevan a la exclusión e incluso a la violencia. Por supuesto, no tiene nada de malo ser de una tendencia u otra; es más, es necesario, pues las ideas bien reflexionadas y transformadas en convicciones, al fin y al cabo, dan forma a la Política. Posturas que deben de ser calificadas no sólo con respeto, sino con exactitud. Para ello incluyo en este espacio un breve ensayo y un test.



Empiezo por decir que yo me considero un liberal —en el sentido original de la palabra— y un libertario. Según algunos tests que he hecho en línea (como éste), eso sería ‘conservador’ y republicano en Estados Unidos (que es un universo político sui generis), por un lado, o, más acertadamente, de ‘derecha libertaria’, de acuerdo con www.politicalcompass.org.

La Política (con mayúsculas, ese ‘amor al mundo’ propuesto por Hannah Arendt en la mejor tradición aristotélica) tiene que ver, esencialmente, con la organización de los ciudadanos para mantener el orden y fomentar el bienestar común en cualquier sociedad, para lo cual ha existido siempre el conjunto de instituciones que llamamos Estado. Para calificar las tendencias e ideologías que moldean la política es necesario, por tanto, medir, distribuir y clasificar la intervención de dicho Estado en los asuntos de la sociedad, de su vida pública, cultural y económica.


Para calificar las ideologías, PC.org considera esto con detenimiento y lo expone gráficamente en un plano cartesiano; el nivel de intervención de las instituciones estatales en dos ejes: X y Y. El Y se refiere a la vida de los ciudadanos, por lo que la mitad positiva del eje es llamada ‘autoritarismo’ y la mitad negativa ‘libertarianismo’. Así, entre más alta es la coordenada Y, más ha de involucrarse el Estado en los quehaceres de una sociedad: el extremo superior es el Estado policial y totalitario tipo Big Brother (el 1984 de George Orwell), mientras que el extremo inferior, en cuyo caso la existencia misma del Estado es irrelevante y éste desaparece, se trata del anarquismo.

El eje X es el de la economía. ¿Qué nivel de responsabilidad tiene el Estado en la actividad económica de su población? El extremo negativo (el de la izquierda casualmente), en el que el 100% de la economía es poseída, planificada y ejecutada por las instituciones ‘públicas’, se denomina ‘comunismo’; en tanto que el extremo de la derecha plantea la nula intervención del Estado y se llama ‘neoliberalismo’ o, más correctamente, ‘anarcocapitalismo’.



Con estas premisas, encontramos que existen cuatro cuadrantes ideológicos, cada uno con sus respectivos grados:
  • izquierda autoritaria (Lenin, Stalin, Trotski, Mao, Chávez, Hussein, Amin, Castro)
  • izquierda libertaria (Mandela, Gandhi, Moore, el Dalai Lama y algunos socialdemócratas)
  • derecha autoritaria (Bush, Reagan, Thatcher, Churchill, Calderón, Uribe, Obama y todos, salvo cuatro, de los gobernantes actuales de la UE)
  • derecha libertaria (Friedman, Thoreau).
Y falta, en efecto, el fascismo, que vendría siendo el centro autoritario (Mussolini, Hitler).

Te invito, pues, amable lector, a tomar el test y compartir tu resultado, porque hablando, aunque seas de ‘izquierda’ o de ‘derecha’, se entiende la gente.

G. G. Jolly

lunes, marzo 30, 2009

‘Ausencia’ de Lope de Vega


Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada, sobre fe, paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma y en la vida infierno.

Félix Lope de Vega (1562-1635)

Y la excelente versión musical, aquí.

domingo, marzo 08, 2009

La historia de las grandes religiones

Tras una larga ausencia, este filósofo vuelve con sus aullidos, que, espera, ahora sí sean continuos y de temas variados. Me permito reinaugurar este espacio con un excelente mapa digital que resume milenios de historia de las religiones, de acuerdo con sus respectiovas expansiones en el tiempo y la geografía de la Tierra.

Helo aquí.

jueves, febrero 12, 2009

Un filósofo para dinamitar la posmodernidad

Entre los acontecimientos intelectuales de cierta notoriedad en el último año, uno muy importante fue el descubrimiento de Slavoj Žižek, filósofo y psicoanalista esloveno, la incorrección política en su máximo apogeo: un marxista (pero en serio, no sólo de izquierdas) leninista (no se queda en la teoría, quiere subvertir el orden establecido), con importantes toques de Hegel y Heidegger, y, sobre todo, que lee todo a través del psicoanálisis lacaniano, por lo que su pensamiento llega a profundidades insospechadas. Además, interpreta todo con ejemplos extraídos de la literatura, la música y el cine. Un genio...

Helo aquí, en un video en el que sintetiza algo de su pensamiento, profundo a la vez que claro y no carente de cierta pasión...



jueves, octubre 09, 2008

‘Getsemaní’ (la oración en el huerto)

De la obra Jesucristo Superestrella de Lord Lloyd-Webber y Sir Tim Rice (letra).



Jesus: I only want to say,
If there is a way,
Take this cup away from me
For I don't want to taste its poison.
Feel it burn me,
I have changed.
I'm not as sure, as when we started.
Then, I was inspired.
Now, I'm sad and tired.
Listen, surely I've exceeded expectations,
Tried for three years, seems like thirty.
Could you ask as much from any other man?
But if I die,
See the saga through and do the things you ask of me,
Let them hate me, hit me, hurt me, nail me to their tree.
I'd want to know, I'd want to know, My God,
I'd want to know, I'd want to know, My God,
Want to see, I'd want to see, My God,
Want to see, I'd want to see, My God,
Why I should die.
Would I be more noticed than I ever was before?
Would the things I've said and done matter any more?
I'd have to know, I'd have to know, my Lord,
Have to know, I'd have to know, my Lord,
Have to see, I'd have to see, my Lord,
Have to see, I'd have to see, my Lord,
If I die what will be my reward?
If I die what will be my reward?
Have to know, I'd have to know, my Lord,
I'd have to know, I'd have to know, my Lord,
Why should I die? Oh why should I die?
Can you show me now that I would not be killed in vain?
Show me just a little of your omnipresent brain.
Show me there's a reason for your wanting me to die.
You're far to keen and where and how, but not so hot on why.
Alright, I'll die!
Just watch me die!
See how I die!
Then I was inspired.
Now, I'm sad and tired.
After all, I've tried for three years, seems like ninety.
Why then am I scared to finish what I started,
What you started - I didn't start it.
God, thy will is hard,
But you hold every card.
I will drink your cup of poison.
Nail me to your cross and break me,
Bleed me, beat me,
Kill me.
Take me, now!
Before I change my mind.




Jesús: Yo nada más deseo saber
si hay alguna opción.
Aparta de mí esta copa, que no quiero su veneno
ni probarlo ni con él quemarme…
He cambiado.
No estoy tan seguro como cuando comenzamos.
Entonces, tenía inspiración;
hoy, sólo tristeza y cansancio.
Escucha: de seguro he excedido expectativas…
Traté por tres años, ¿o treinta?
¿Podrías pedirle tanto a cualquier otro hombre?

Mas si he de morir…
Terminar con todo y hacer cuanto me pides:
¡que me odien y me peguen y me escarnien y me claven a un árbol!
Quiero saber, quiero saber, mi Dios,
lo quiero ver, lo quiero ver, mi Dios:
¡¿por qué morir?!

¿Podrías mostrarme que en vano no moriré?
¡Devélame tan sólo un poco de Tu divina lucidez,
demuéstrame que hay una razón por la que haya de morir!
¡Mucho te preocupa el dónde y cómo, mas no tanto el porqué!
Está bien… ¡moriré!
¡Nada más veme morir!
¡Mira cómo muero!

Entonces, tenía inspiración;
hoy, sólo tristeza y cansancio.
Después de todo, lo intenté. ¡Tres años!, ¿o noventa?
¿Por qué, pues, temo acabar lo que empecé?
No. ¡Lo que Tú empezaste! No yo.

Dios, Tu voluntad es dura,
pero tienes todas las cartas en Tu mano…
Beberé Tu cáliz envenenado:
¡clávame a la cruz, y rómpeme y desángrame y golpéame y mátame!
¡Tómame ahora, antes de que cambie mi parecer!

Traducción: G. G. Jolly

viernes, septiembre 26, 2008

Más sobre los pobres, en el día de San Vicente

Mañana, 27 de septiembre, la Iglesia celebra al patrono de la caridad y uno de los testigos más grandes de la historia cristiana: Vicente de Paúl, fundador de los lazaristas y las hijas de la caridad, a quienes agradezco su ejemplo y dedico esta entrada, a propósito de los pobres.

‘A los pobres debemos apreciarlos no por su vestido exterior o por su aspecto, ni por las dotes de que aparezcan revestidos, siendo mayormente de entendimiento rudo y sin cultivar. Antes bien, si los contemplan a la luz de la fe, los verán que desempeñan el papel de hijos de Dios, quien eligió ser pobre. Pues, al padecer, aun cuando casi perdió hasta la apariencia de hombre, convertido “en necedad para los gentiles y escándalo para los judíos”, quiso presentarse ante ellos como evangelizador de los pobres. “Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres”. Y esta misión la debemos sentir muy de corazón, imitando el ejemplo de Cristo, a saber: cuidando de los necesitados, llevándoles consuelo, ayudándoles y encomendándoles.
Ya que Cristo quiso nacer pobre, eligió para discípulos a unos pobres convirtiéndose él mismo en servidor de los pobres y adoptando su misma condición, hasta el punto de que afirmó que el bien o el mal que se hiciere a los pobres es como si se hiciere a él mismo. Y es que el Señor, al amar a los pobres, ama lógicamente a los que les aman; porque allí donde uno tiene algún íntimo, incluye también en el mismo cariño a aquellos que le están vinculados por lazos de amistad o de servicio. Por lo que también nosotros esperamos que, en atención de haber amado a los pobres, llegaremos a ser amados por Dios. Por consiguiente, al visitarles, esforcémonos en ser comprensivos para con los pobres necesitados, prodigándoles tanta compasión que nos adaptemos a la frase del Apóstol: “Me he hecho todo para ustedes”.
Nos esforzaremos, por lo tanto, en conmovernos hondamente ante los apuros y miserias del prójimo, rogando al Señor que infunda en nosotros el afecto de misericordia y de compasión, inundando con él nuestro corazón, sin permitir que decrezca.
Pero al servicio de los pobres habremos de darle preferencia total y lo prestaremos sin demora. Y, si al tiempo de la oración, hubiera que prestar medicamento o socorro a algún necesitado, acudamos a él sin alterarnos, ofreciendo al Señor la oportunidad de tal obra, cual si continuáramos en oración. No tienen por qué intranquilizarse con escrúpulo interior o conciencia de pecado, a causa de haber dejado la oración por atender el pobre. Dios en efecto no se siente abandonado, si de él nos apartamos a causa de él mismo, interrumpiendo en tal caso la obra de Dios, para realizar otra que no es menos de Dios.
Así, pues, cuando abandonen la oración para atender a algún pobre, recordarán que con ello prestan servicio al mismo Dios. Y es que la caridad está sobre cualquier otra clase de reglas, y a ellas debe ajustarse todo lo demás. Y, siendo ella la reina, habrá que hacer lo que ella mande. Prestemos, pues, con renovado cariño nuestro servicio a los pobres, tratando de localizar a los más abandonados, ya que nos han sido dados como dueños y patronos.’

San Vicente de Paúl (1581-1660), Epist. 2446.

‘Intempestivo sermón sobre ética del artista’ de Hugo Hiriart

Jan Vermeer, El arte de la pintura, c. 1666-1673.

Es muy difícil lograr y conservar cierta serenidad y cierta autonomía si uno es artista. El arte como trabajo tiene su mala hierba. En él se esconde, entre sus muchas alegrías, una serpiente, un tósigo: el deseo omnipresente de fama y mérito. Es un anhelo sutil, tan sutil que parece que se filtra en el deseo mismo de pintar, escribir, filmar, componer música, actuar en el teatro. Porque cada pincelada, cada cláusula o cada paso de baile, cada toma de la película parecen pregonar dramáticamente quién soy yo y someterme a juicio. ¿Soy buen artista, tengo talento o no, no lo tengo? Una forma semejante de tortura sufren hoy en día científicos e historiadores, filósofos y politólogos.

La fama está ligada a concebir la vida social como enfrentamiento, competencia o concurso. Hay que ganar, es decir, sobresalir, destacarse, alcanzar renombre. De esta manera, son los otros los que nos dicen quiénes somos, y por una especie de concurso. Y así es como, en el campo del arte y la cultura, el ambiente con frecuencia se enrarece y se convierte en ese avispero insano donde zumba el odio verbal de unos contra otros.

Sin embargo, ¿es inevitable el anhelo obsesivo de reconocimiento y fama si nuestro trabajo es artístico o intelectual?

Creo que no. Pero para examinarlo empecemos distinguiendo lo que no es vanaglorioso e ilícito, sino sano y lícito esperar de una producción intelectual o artística; diferenciémoslo de lo que es ilícito o ponzoñoso esperar. La distinción que voy a bosquejar no es mía, la debo a Alistair MacIntyre.

Es enfermo y no lícito que el creador intelectual o artístico sueñe obtener con su trabajo cualquier grado de fama o gloria, premios de cualquier clase, poder, celebridad acompañada de dinero, viajes, hoteles de lujo y demás. Y sobre todo la posibilidad de sobresalir, es decir, de ocupar un lugar superior y privilegiado sobre los demás.

Pero entonces, ¿es la dedicación a las ciencias, las humanidades y las artes, desde este punto de vista, ilícita? ¿No es lícito tratar de hacer una obra de arte, de investigación científica o de ciencias humanas, que trate de ser admirable? No, eso sí es lícito.

Es lícito tratar apasionadamente de realizar un trabajo que los conocedores en la materia aprecien o lleguen a apreciar como modelo, y que alcance esa condición de modelo de perfección en lo ya explorado, o modelo que abre nuevos caminos en el desarrollo del campo al que pertenece. Todo desvelo, toda insatisfacción y esfuerzo en este orden es lícito.

Un intelectual o artista puede haber logrado hacer una obra magistral en cualquier medio sin alcanzar los otros fines –celebridad, premios, riqueza, etc. Y puede suceder también, dada la ambigüedad del trabajo artístico e intelectual, que la alcance sin darse cuenta él mismo de que lo ha logrado.

Los fines equivocados e ilícitos los impone la publicidad. La codicia de fama universal es ajena al mundo no ya de la disciplina cultivada, sino aun de los medios académicos, del arte y de la cultura, y se distingue por ser insaciable, es decir, su perturbación no puede calmarse. Pero, me parece a mí, es muy difícil, casi imposible, no entrometer los fines impuros cuando se quieren alcanzar los propósitos legítimos del artista y del intelectual.

Cuando menos a mí, lo confieso, me cuesta trabajo tratar de hacerlo. Por eso he escrito una pequeña oración que he llamado, no sin algo de arrogancia absurda, “Oración del artista”. La oración dice así:

Señor: concede que mi trabajo tenga cierto mérito artístico e intelectual, cierta sutileza y verdad. Y si eso no sucede, Señor, concédeme humildad y sabiduría para aceptarlo con alegría.
Para terminar, unas observaciones sobre la oración. Se dice en ella “mi trabajo”, no dice “yo”. Escribir con arte es un don, un regalo. Hay que mostrarse humilde y agradecido por el don artístico, chico o grande, que nos ha sido dado, y no mostrarse ingrato ni exigente por no haber recibido un don mayor. Cada artista da la flor que le corresponde y todas son dignas de contemplación. Es preciso aprender a aceptar con humildad la posibilidad de que nuestro trabajo sea predecible, mediocre y que no tenga mérito alguno. La humildad, lo sabemos, es siempre difícil para el artista. Hay que entender que no es el fin del mundo si nuestro trabajo es un fracaso, algo de flaco valor. Y para eso se precisa, justamente, la sabiduría.

De hecho, según parece, si está bien encaminado, el artista mediocre y fracasado tiene mayor posibilidad de desarrollo espiritual que el artista triunfador.

domingo, septiembre 21, 2008

‘¿Qué aspecto tendrá la Iglesia del futuro?’ de Joseph Ratzinger


El teólogo no es un adivino. Tampoco es un futurólogo que, por los factores calculables del presente, deduce el futuro. Su oficio escapa bastante al cálculo. Sólo en una mínima parte podría por tanto ser objeto de la futurología, que no es tampoco adivinación, sino que constata lo calculable y debe dejar en suspenso lo incalculable. Ya que la fe y la Iglesia se internan hasta esa profundidad del hombre de la que brota continuamente lo nuevo creador, lo inesperado y no planificado, su futuro sigue siéndonos oculto incluso en la época de la futurología. ¿Quién, al morir Pío XII, hubiera podido predecir el Concilio Vaticano II o la evolución posconciliar? ¿O quién se hubiera atrevido a predecir el Vaticano I cuando Pío VI, secuestrado por las tropas de la joven república francesa, murió prisionero en Valence en 1799? […] Seamos, por tanto, cautos con los pronósticos. Todavía vale la frase de Agustín de que el hombre es un abismo; lo que de ahí sube, nadie puede verlo de antemano. Y quien cree que la Iglesia no sólo está determinada por el abismo, sino que se funda en el abismo mayor, infinito, de Dios, podrá tener bastante razón en abstenerse de unas predicciones cuyo ingenuo ‘querer-saber-respuestas’ podría ser sólo una manifestación de falta de visión histórica. […]

El futuro de la Iglesia puede venir y sólo vendrá, también hoy, de la fuerza de aquellos que tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. No vendrá de aquellos que dan sólo recetas. No vendrá de aquellos que sólo se acomodan al instante actual. No vendrá de los que critican sólo a los otros y se aceptan a sí mismos como norma infalible. Por eso tampoco vendrá de aquellos que sólo escogen el camino más cómodo, los que evitan la pasión de la fe, y tienen por falso y superado, por tiranía y legalidad, todo lo que exige al hombre, lo que le duele, lo que le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo positivamente: el futuro de la Iglesia, también ahora, como siempre, ha de ser acuñado nuevamente por los santos. Por hombres, por tanto, que perciben algo más que las frases que son precisamente modernas. Por hombres que pueden ver más que los demás, porque su vida tiene mayores vuelos. El desprendimiento que libera a los hombres, sólo se alcanza por las pequeñas renuncias diarias a sí mismo. En esta pasión diaria, por la cual únicamente puede expresar el hombre de qué múltiples formas le ata su propio yo, en esta pasión diaria y sólo en ella, se va abriendo el hombre palmo a palmo. El hombre sólo ve tanto cuanto ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir a Dios, es porque nos resulta muy fácil escapar a nosotros mismos, huir de la profundidad de nuestra existencia al sopor de cualquier comodidad. Así lo que es más profundo en nosotros sigue estando inexplorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡cuán ciegos estamos todos!

Y esto ¿qué significa para nuestra cuestión? Pues significa que las grandes palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe, son discursos vacíos. No necesitamos una Iglesia que celebre en ‘oraciones’ políticas el culto de la acción. Nos es completamente superflua y perecerá con toda espontaneidad. Permanecerá la Iglesia de Cristo. La Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho hombre y nos promete vida más allá de la muerte. Del mismo modo, el sacerdote que sólo es un funcionario social puede ser substituido por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero el sacerdote que no es especialista, que no se está mirando al espejo al dar asesoramiento ministerial, sino que, a partir de Dios, se pone a disposición de los hombres, que está a su servicio en su tristeza, en su alegría, en su esperanza y en su angustia, éste seguirá siendo muy necesario.

Demos un paso más. De la Iglesia de hoy saldrá también esta vez una Iglesia que ha perdido mucho. Se hará pequeña, deberá empezar completamente de nuevo. No podrá ya llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más propicia. Al disminuir el número de sus adeptos, perderá muchos de sus privilegios en la sociedad. Se habrá de presentar a sí misma, de forma mucho más acentuada que hasta ahora, como comunidad voluntaria, a la que sólo se llega por una decisión libre. Como comunidad pequeña, habrá de necesitar de modo mucho más acentuado la iniciativa de sus miembros particulares. Conocerá también, sin duda, formas ministeriales nuevas y consagrará sacerdotes a cristianos probados que permanezcan en su profesión: en muchas comunidades pequeñas, por ejemplo en los grupos sociales homogéneos, la pastoral normal se realizará de esta forma. Junto a esto, el sacerdote plenamente dedicado al ministerio como hasta ahora, seguirá siendo indispensable. Pero en todos estos cambios que se pueden conjeturar, la Iglesia habrá de encontrar de nuevo y con toda decisión lo que es esencial suyo, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la asistencia del Espíritu que perdura hasta el fin de los tiempos. Volverá a encontrar su auténtico núcleo en la fe y en la plegaria y volverá a experimentar los sacramentos como culto divino, no como problema de estructuración litúrgica.

Será una Iglesia interiorizada, sin reclamar su mandato político y coqueteando tan poco con la izquierda como con la derecha. Será una situación difícil. Porque este proceso de cristalización y aclaración le costará muchas fuerzas valiosas. La empobrecerá, la transformará en una Iglesia de los pequeños. El proceso será tanto más difícil porque habrán de suprimirse tanto la cerrada parcialidad sectaria como la obstinación jactanciosa. Se puede predecir que todo esto necesitará tiempo. El proceso habrá de ser largo y penoso. Hasta llegar a la renovación del siglo XIX, también fue muy largo el camino desde los falsos progresismos en vísperas de la revolución francesa, en los cuales incluso para los obispos era de buen gusto bromear sobre los dogmas y quizá hasta dar a entender que no se había de tener de ninguna manera por segura ni siquiera la existencia de Dios.

Pero tras la prueba de estos desgarramientos brotará una gran fuerza de la Iglesia interiorizada y simplificada. Porque los hombres de un mundo total y plenamente planificado, según serán indeciblemente solitarios. Cuando Dios haya desaparecido completamente para ellos, experimentarán su total y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo completamente nuevo. Como una esperanza que les sale al paso, como una respuesta que siempre han buscado en lo oculto. Así que me parece seguro que para la Iglesia vienen tiempos muy difíciles. Su auténtica crisis aún no ha comenzado. Hay que contar con graves sacudidas. Pero también estoy completamente seguro de que permanecerá hasta el final: no la Iglesia del culto político, que ya fracasó en la revolución francesa, sino la Iglesia de la fe. Ya no será nunca más el poder dominante en la sociedad en la medida en que lo ha sido hasta hace poco. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los hombres como patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

Tomado de: Joseph Ratzinger, Fe y Futuro, Salamanca, Sígueme, 1970. p. 67-77.

domingo, septiembre 07, 2008

Ricos y pobres, una polémica absurda para el cristiano


Siempre que me he topado con la cuestión ‘ricos y pobres’, tanto en el ámbito secular como en el eclesial, y siempre surgen tensiones y disputas. En el primero, la cuestión podría intentar zanjarse con sociología y economía, aunque al final, muy probablemente, no se llegue a ninguna conclusión que valga la pena. En el segundo ámbito, sin embargo, es sorprendente siquiera que se discuta el tema. Para la Iglesia y para los cristianos que la conforman, es innegable, tomando en cuenta las palabras que los evangelistas ponen en boca de Jesús, la declaración lapidaria de Jon Sobrino, SJ: ‘Extra pauperes nulla salus’ (‘Fuera de los pobres no hay salvación’). Baste asomarnos nada más al evangelio de San Lucas:

‘¡Ay de ustedes, los ricos!’ (Lc VI, 24)

‘Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el Reino de los cielos’. (Lc XVIII, 25)

‘Cualquiera de ustedes que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.’ (Lc XIV, 33)

‘¿De qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?’ (Lc IX, 25)

‘Guárdense de toda codicia, porque, aunque alguien posea abundantes riquezas, éstas no le garantizan la vida.’ (Lc XII, 15)

‘Vendan sus bienes y den limosna. Háganse bolsas que no se deterioren, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla corroe; porque donde esté su tesoro, allí estará su corazón.’ (Lc XII, 33-34)

‘Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y desdeñará al otro; o bien se dedicará a uno y desdeñará al otro. No pueden servir a Dios y al dinero.’ (Lc XVI, 13)

Comienzo por definir salvación como el ‘ir al Cielo’, es decir, ‘el estado de felicidad suprema y definitiva’ en que se ve ‘a Dios cara a cara’ y que ‘no tendrá fin’ (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica 207 y 209). Y añado también que el Cielo es también el Reino de Dios ya presente entre nosotros aquí en la tierra mediante ‘la justicia y la paz, según las Bienaventuranzas’ (CCIC 590), tal como lo invocamos en el Padre Nuestro: ‘Hágase, Señor, tu voluntad en la tierra como en el cielo’ (CCIC 591).

¿Cómo, pues, el ser humano (y aún más el creyente, sobre todo si es cristiano) ha de entrar en el Reino de Dios sin los pobres, sin alimentar al hambriento, vestir al desnudo, dar de beber al sediento, acoger al indigente, cuidar del enfermo y visitar al cautivo (Mt XXV, 35-36)? ¿Cómo llegar al cielo sin la opción preferencial por los pobres, sin quienes los no pobres nunca aprenderán a vivir según las Bienaventuranzas (Mt V, 3-11)?

Y como el cristiano verdadero vive la fe en comunidad y no solo, podemos utilizar otra frase lapidaria: ‘Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada’ (Jacques Gaillot, ex obispo de Évreux, en el libro homónimo). Sin los pobres, apartada de ellos, ¿cómo ha la Iglesia de realizar su misión, que no es otra que la de ‘anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo’ (Lc IV, 16-19), y ‘ser germen e inicio sobre la tierra de este Reino de salvación’ (CCIC 150)?

Por último, para concluir estas reflexiones (simples, pero concretas) y aclarar algunos puntos, cedo la palabra a San Juan Crisóstomo:

‘Y, sin embargo, el rico no cometió propiamente una injusticia con Lázaro, pues no le quitó sus bienes. Su pecado fue no darle de lo propio. Ahora bien, si el que no da parte de lo propio tiene por acusador al que no compadeció, ¿qué perdón podrá alcanzar el que arrebata lo ajeno, pues los por él agraviados lo rodearán por todas partes? No habrá allá necesidad de testigos, ni de acusadores, ni de pruebas, ni de indicios. Los hechos mismos, tal como lo hicimos, aparecerán ante nuestros ojos. “He aquí —dice el Señor— el hombre y sus obras”.

Y es así que el no dar parte de lo que se tiene es ya linaje de rapiña. Esto es lo que se les hará tal vez más extraño, pero no se maravillen. Yo les voy a alegar un testimonio de las Escrituras divinas que dicen que es rapiña, avaricia y defraudación no sólo el arrebatar lo ajeno, sino también el no dar parte de lo suyo a los otros. ¿Qué testimonio es ése? Reprendiendo Dios a los judíos por boca del profeta: “La tierra ha producido sus frutos y no han traído los diezmos, sino que la rapiña del pobre está en sus casas”. “Porque no han hecho —dice— las ofrendas acostumbradas, han arrebatado lo del pobre”. Y eso es lo que dice para demostrar a los ricos que tienen lo que pertenece al pobre, aun cuando hayan entrado en la herencia paterna, aun cuando les venga el dinero de donde sea. Y en otra parte dice también: “No defraudes la vida del pobre” (Si IV, 1). El que defrauda, lo ajeno defrauda, pues se llama defraudación tomar y retener lo ajeno. Y por este pasaje se nos enseña también que si dejamos de hacer limosna, seremos castigados al igual que los defraudadores.

Y es así que las cosas o riqueza, de dondequiera las recojamos, pertenecen al Señor, y si las distribuimos entre los necesitados, lograremos gran abundancia. Y si el Señor te ha concedido tener más que otros, no ha sido para que lo gastes en fornicación y embriaguez, en comilonas y vestidos y demás disoluciones, sino para que lo distribuyas entre los necesitados. Un cobrador que recibe los dineros imperiales, si no los distribuye a quienes se le manda, sino que los emplea para sus propios vicios, tiene que dar cuenta y su fin es la muerte. Así el rico es un cobrador de dinero que ha de ser distribuido a los pobres y se le manda que lo reparta a aquellos de entre sus compañeros de servicio que están necesitados. Luego, si emplea para sí mismo más de lo que pide la necesidad, tendrá que dar en la otra vida la más rigurosa cuenta, pues lo suyo no es suyo, sino de los que, como él, son siervos del solo Señor.’

‘No alegues, pues, excusas superfluas e insensatas. Dios no pide abundancia en el dar, sino riqueza en la intención; y esta riqueza no se muestra por la medida de los dones, sino por la buena voluntad de los donantes. ¿Eres pobre, el más pobre de los hombres? Pero no lo serás más que aquella viuda que sobrepasó con mucho a los ricos (Lc XXI, 1-4). ¿Es que te falta el necesario sustento? Pero no te faltará tanto como a la viuda de Sidón, que había llegado hasta el fondo mismo del hambre, que no esperaba ya más que la muerte, estaba rodeada del coro de sus hijos y, no obstante, no perdonó lo que tenía, sino que con la extrema pobreza compró inefable riqueza. Su mano produjo una era y la hidria o cántaro se convirtió en un lagar. De poco hizo brotar una fuente abundante.’

‘Mas, ¿qué fin tiene decir esto tontamente a hombres que por nada del mundo despreciarían las riquezas y se apegan a ellas como si hubieran de ser eternas? Hombres que, al dar una miseria de lo mucho que tienen, ya se imaginan haberlo hecho todo. Eso no es limosna. Limosna es la de aquella viuda del evangelio, que se desprendió de todo lo que tenía para sustento de su vida (Mc XII, 41-44). Mas, si no eres capaz de dar tanto como la viuda, da por lo menos todo lo superfluo. Pero no hay nadie que dé ni lo superfluo. Esas manadas de esclavos, esos vestidos de seda, todas esas son cosas superfluas. Nada es necesario ni forzoso, cuando podemos vivir sin ello. Todo lo demás es superfluo y son simplemente cosas de fuera.Veamos, pues, si les placen las cosas sin las que podemos vivir. Aunque sólo tengamos dos criados, podemos vivir. Cuando hay quienes viven sin ninguno, ¿qué podemos alegar para no contentarnos con dos? Podemos tener una casa de ladrillos y tres habitaciones, y ello nos basta. ¿No hay, dime, quienes no disponen más que una habitación para mujer e hijos?’

Como epílogo, una última sentencia lapidaria, mucho más moderna y autorizada como ninguna otra: ‘Nadie puede reservarse para uso exclusivo suyo lo que de la propia necesidad le sobra, en tanto que a los demás falta lo necesario’ (Pablo VI, Populorum Progressio 23).

G. G. Jolly, nSJ