miércoles, octubre 29, 2014

Trilogía sobre tres pioneros de la Iglesia española


En el espacio de apenas cuatro años, TVE ha dedicado tres largometrajes a sendas figuras de la Iglesia católica española. Con dignísima producción, escenarios en locaciones originales y excepcionales actores, ha retratado las vidas de Vicente cardenal Enrique y Tarancón (1907-1994), Vicenç Ferrer i Moncho (1920-2009) y Pere Casaldàliga i Pla, CMF (1928-).

Aunque se trata, en los tres casos, de retratos más bien laicos, que privilegian el aspecto humano y el impacto secular de la vida de estos tres esclesiásticos —a veces, incluso, omitiendo imperdonablemente aspectos cruciales de su piedad y motivación religiosas o pecando de ignorancia litúrgica o teológica, cosa impensable en alguna hagiografía de la RAI, por ejemplo— y que tienen un claro sesgo de izquierda, la calidad de las actuaciones, la coherencia narrativa y el innegable poder de los hechos que retratan los convierten en filmes de valía. Tanto más si, desde una perspectiva religiosa, se leen los hechos de sus vidas y se deducen sus respectivos y profundos procesos de conversión; así, no considero que sean menos poderosas que las hagiografías de la RAI ni menos atractivas que cualquier película inspiradora hollywoodense.

En Tarancón: el quinto mandamiento (2010) de Antonio Hernández, el difunto José Sancho —famoso por su papel del franquista Don Pablo en Cuéntame cómo pasó — encarna a la punta de lanza de la renovación que atravesó la Iglesia española tras el Concilio Vaticano II (1963-1965) y la transción del franquismo a la monarquía constitucional (c. 1975). La primera parte de la película muestra el trauma que dejó en él la violencia de la Guerra Civil, mientras que la segunda narra su labor como Arzobispo de Madrid entre 1971 y 1983 y presidente de la Conferencia Episcopal Española durante el decenio de 1971 a 1981. A lo largo de este periodo, Tarancón impulsó audazmente la renovación conciliar ad intra de la Iglesia y, ad extra, su deslinde de la agonizante tiranía de Franco. Ambas cosas le valieron, por supuesto, aceradas críticas del ala conservadora del episcopado y la feligresía, poco entusiastas por las comunidades de base, el diálogo abierto con la cultura, el compromiso sociopolítico, la inserción del clero en las barriadas populares y la liberalización de la disciplina religiosa. Por no hablar del epíteto de “traidor” por la derecha franquista, una vez que trazó una clara demarcación entre la Iglesia y el régimen franquista y la acercó a posiciones plenamente democráticas —con gran apoyo de Pablo VI—. Famosa es la consigna que gritaban y pintarrajeaban los ultras del franquismo: “Tarancón al paredón”.

A su vez, el protagonista de la multiafamada Cuéntame, Imanol Arias, da vida a un jesuita misionero en India y pionero de la acción social en Vicente Ferrer (2013) de Agustín Crespi. La película comienza luego de un primer intento de expulsión de Ferrer por las autoridades indias, debido a su labor con los más empobrecidos en Mumbai. Entonces, él, junto a un sacerdote correligionario suyo y una voluntaria laica británica, Anne Perry, se establece en la desértica y mísera región de Anantapur (hoy, Andhra Pradesh), donde impulsarán una revolución agraria y de integración comunitaria que le granjearán numerosos problemas con las autoridades religiosas —que sospechan de su activismo social a costa de la evangelización religiosa— y civiles —que lo ven como un agente extranjero medrando en política— y lo llevarán a tomar una decisión radical: elegir entre su vocación religiosa y el proyecto emprendido. Escogerá la segunda y, con ayuda de Anne Perry, convertida en su esposa, transformará la región entera, mediante la creación de una fundación que impulsa centenas de cooperativas, escuelas y hospitales y que es responsable, hoy día, de atender a más de 3.5 millones de personas.

Por último, Descalzo sobre la tierra roja (2013) de Oriol Ferrer es una coproducción catalano-brasileña sobre la vida del claretiano Pedro Casaldáliga, obispo poeta del Mato Grosso, en la selva del occidente de Brasil. Basada en el libro homónimo de Francesc Escribano —que es una especie de entrevista-biografía—, relata la creación desde cero de la misión —luego prelatura— de São Félix do Araguia y su transformación en uno de los principales exponentes de la teología y la pastoral de la liberación latinoamericanas, a través del recuento personal, en labios del propio Casaldáliga, ante un par de inquisitoriales cardenales de la Curia: el beninés Gantin y el alemán Ratzinger.

Quizás con aspavientos un tanto exagerados —dogmáticos, a ratos, y desprovistos de la dulzura mística y la musicalidad catalano-brasileña del obispo real—, vemos al actor Eduard Fernández en la piel de Pedro Casaldáliga, atravesando conflictos a sangre y fuego con el latifundio, la dictadura militar, el etnocidio y la injusticia que clama al cielo —todos los pecados estructurales denunciados por los profetas latinoamericanos— en aquel salvaje oeste selvático a orillas del inmenso río Araguia. Imperdible resulta la cara de Ratzinger al enfrentar a un pastor para el que la neutralidad no es una opción, una vez que sus ovejas son trasquiladas y matadas impune y cotidianamente. Imprescindible cinta, también, para comprender el proceso que vio nacer y propagarse a las teologías de la liberación latinoamericanas, así como su comprobación más tangible: el martirio que va de la mano con la opción por los pobres.


G. G. Jolly