Sobre el sacramento de la penitencia
‘Durante treinta años me senté cada sábado en el confesionario por varias horas, y fue siempre la misma cantaleta:
—Padre, le estoy poniendo los cuernos a mi esposo.¡Y nunca, nunca de los nuncas oí un solo pecado contra la Justicia!
—Padre, me masturbo frecuentemente.
—Padre, falté a misa dos domingos y comulgué sin haberme confesado.
—Padre, le pago una miseria a mis obreros, pero yo acabo de cambiar de coche.Después de esos 30 años, dejé de confesar gente.’
—Padre, trato mal a mi sirvienta; no me gusta su aspecto, porque es indígena.
—Padre, yo conté los votos de la elección de mi sindicato y cambié los números porque acepté un soborno.
G. G. Jolly
