
Siempre he tratado de defender a la Iglesia en todo momento, toda ocasión y contra todo el mundo. Sin embargo, por eso mismo creo tener el derecho de advertir que los últimos sucesos en torno al padre Marcial Maciel Degollado, fundador de los Legionarios de Cristo y del movimiento Regnum Christi, así como de la Universidad Anáhuac y el Colegio Cumbres, provocan en mí varias reacciones:
1) Reconocer la ardua y valiosa labor evangélica, social y cultural de la Legión de Cristo. Sus miembros merecen todo el respeto y el amor que les debo como hermanos en la fe.
2) Sin importar lo anterior, que el padre Maciel ha sido declarado, implícitamente, culpable por la Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo su nuevo prefecto, William Joseph Cardenal Levada. Es un paso gigantesco avante que el caso haya sido abierto, vuelto a examinar y concluido prontamente, en vez de que se le volviese a dar carpetazo desde el trono de San Pedro (si he de verme maquiavélico, diría que, en el interior del Vaticano, el cardenal Sodano, segundo mayor aliado de Maciel después del difunto Juan Pablo II, no ha podido imponerse esta vez a su antiguo rival, el ex cardenla Ratzinger...).
3) La sentencia es irrisoria. Es tan indignante como cuando Alemania, el año pasado, se negó a extraditar a Italia a dos ex miembros de la SS, culpables de atroces crímenes de guerra en Italia en 1944, porque los 'pobres ancianos' tenían más de 85 años. Ancianos a los que, por cierto, no les importó matar a otros ancianos y muchos niños entre los centenares de civiles italianos asesinados. De igual forma, tener consideración con un violador por su edad es tenerle una consideración que el criminal no tuvo con sus víctimas, despojadas de su dignidad e inocencia. Sí, muy probablemente, el acusado muriese antes de terminar su juicio, pero se sentaría un importante precedente: la Iglesia no tolera el abuso sexual. ¿Por qué hay excomunión inmediata para quien realiza un aborto pero no para aquellos que rompieron su sagrado voto de castidad e incurrieron en un atroz crimen?
4) Los abusos sexuales no son sólo malas relaciones públicas, sino que son una aberración que debería combatirse duramente, como a la peor de las herejías. ¿Por qué? Porque la Iglesia, sabia y correctamente, siempre ha predicado la sacralidad y la belleza de la sexualidad humana, y puesto firmes contrastres a su absurda banalización y comercialización. ¿No es acaso horrible que se haga de la vista gorda ante la abominación que es el abuso sexual? Yo creo que la Congregación para la Doctrina de la Fe debería agilizar sus investigaciones, ayudándose quizá de peritos legales, y, de declarar al acusado culpable, proceder a un inmisericorde juicio canónico que habría de excomulgar al implicado y despojarlo(a) de su orden sacerdotal. Después, como en tiempos de la Inquisición, entregarlo(a) a las autoridades seculares y presentar cargos en su contra para que el infractor responda penalmente por sus crímenes.
Siempre he sido un poco radical, pero hay cosas que ameritan radicalidad...
G. G. Jolly